INFORME SOBRE DESARROLLO HUMANO (NEGRO) *
Marcelo Pereira


Dado que la contribución de los negros es "parte indisociable del futuro del país", el Sumário executivo del Relatório de Desenvolvimento Humano - Brasil 2005 del PNUD se inicia afirmando que "cuando Nelson Mandela salió de la cárcel, el 11 de febrero de 1990, el mundo paró para ver. Aquél que se había tornado el símbolo de la resistencia a las formas más deshumanas de relacionamiento terminaba de vencer la batalla moral: incluso su 'caminata hacia la libertad' fue decidida por él, en una demonstración de como la fuerza ética de sus argumentos le había dado el liderazgo natural. (...)Su mandato, que terminó en 1999, fue marcado por una característica que influyó profundamente en la lucha antirracista en diversas partes del mundo: Mandela creyó en un Estado multiétnico, en una democracia que tenía como objetivo asegurar derechos iguales a una gran variedad de culturas - "la nación arco iris, como él la ha bautizado".

Por eso, el informe del PNUD señala que "la mejor alternativa es una política de diversidad cultural, que pasa por el reconocimiento oficial de las diferentes identidades y por la adaptación de las instituciones a esas diferencias". Sin embargo, el informe no reconoce a los pardos (quienes tienen, según el estudio Retrato Molecular do Brasil , no sólo ascendencia negra y blanca sino también indígena) como mestizos con identidad propia sino como parte de la población negra. Y como a los supremacistas negros no les gusta la idea de una "nación arco iris" como Sudáfrica (formada no sólo por negros y blancos sino también por indianos, mestizos y chinos), el informe del PNUD señala: "En 2000, la participación de los negros en la sociedad brasileña alcanzó 75 millones de personas, lo que hace el país la segunda nación negra del mundo después apenas de Nigeria".

Otrora, el militante negro Abdias do Nascimento denunció que la publicación Brazil 1966 del Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores) señalaba que la "mayoría de la población brasileña" era "constituida por blancos, el porcentaje de mestizos, disminuido". Sin embargo, Abdias do Nascimento señala, en una contribución especial al Relatório, que este "Informe sobre Desarrolo Humano representa una conquista hacia el país y hacia el mundo con los que siempre h[a] soñado. Resultado de los esfuerzos organizados de los pueblos discriminados, el compriso del PNUD con la Declaración y el Plan de Acción de Durban representa un avance en el proceso de construcción de un mundo en el que pueda florecer la paz con igualdad y convivencia armónica entre los pueblos".

Por otro lado, el viejo militante negro afirma que su "pueblo, traido de África, no fue contemplado por ningún de los gestos históricos formadores de la nación. Por el contrario, el negro sólo pudo construir con su talento, trabajo y conocimiento, y sobre todo con su sangre, un bello país para que los otros disfruten. Los indios, masacrados en todos los sentidos, también fueron excluidos en el sentido más exacto de la palabra".

Sin embargo, los indígenas fueron excluidos en el sentido más exacto de la palabra del informe del PNUD: "Es importante resaltar, sin embargo, que no sólo los negros son víctimas de racismo en Brasil, sino también otros grupos, como los pueblos indígenas. Éstes, sin embargo, tienen en el país una especificidad relacionada al modo de vida de las poblaciones tradicionales y a la protección del medio ambiente, lo que los hace merecedores de un estudio propio", explica el Relatório de Desenvolvimento Humano - Brasil 2005 en la página 14. Por eso, la trata de esclavos africanos, no la esclavitud o el exterminio de millares de indígenas de Brasil, abre el primer capítulo. Y mientras el informe dedica un capítulo entero a la historia del Movimiento Negro, él reserva solamente 15 líneas a la historia de la esclavitud indígena en un cuadro en la página 22.

Probablemente porque Palmares es una república mitológica y porque el hucarán Katrina mostró que la "acción afirmativa", conquista de la lucha por los derechos civiles, era "para la burguesía negra" (porque, seg´n el líder negro James Meredith, "ellos no quieren cambiar nada") en Estados Unidos, el informe del PNUD resalta que "el legado del líder sudafricano ejerce atracción en un país como Brasil, que, a pesar de jamás haber experimentado un régimen de segregación explícita, está todavía lejos de asegurar derechos iguales a todos sus ciudadanos".

En seguida, el informe afirma que "una demostración del desafío que Brasil tiene por delante fue dada en la noche del 31 de marzo de 2005. En ese día, el estado de Río de Janeiro registró el mayor masacre de su historia: en dos horas y media, 30 personas - una cada cinco minutos - fueron asesinadas en las ciudades de Nova Iguaçu y Queimados, en la Baixada Fluminense". Luego, el informe del PNUD presenta el perfil de las víctimas de ese terrible masacre ("pobres y, en su mayoría, negros") y resalta: "Si bien en el sentido común, e incluso en gran parte de los vehículos de comunicación, predomine la percepción de que la criminalidad afecta a todos de la misma manera, son los negros las principales víctimas".

La Tribuna da Imprensa (30/4/2005) informó, por otro lado, que "pasado un mes del asesinato de los 29 habitantes de los municipios de Nova Iguaçu y Queimados, en la Baixada Fluminense, padres, madres, hermanos, amigos y vecinos de las víctimas continúan bajo el impacto de la violencia. Algunos luchan por la condena de los criminales. Otros no tienen fuerzas: prefieren resguardarse con miedo de ser muertos". El JB Online (6/5/2005) aclaró, a su vez, que en una audiencia realizada por la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa de Río, el diputado Paulo Ramos "reveló que recibió una denuncia según la cual, por detrás de la acción de los bandidos en Queimados y Nova Iguaçu estaría el ex comandante del Comando de Vigilancia de la Baixada Fluminense (CPB), coronel retirado Francisco D'Ambrósio. Por otro lado, estaría el inspector-general de la PM [Policía Militar], coronel João Carlos Ferreira".

Según el JB Online, "Paulo Ramos contó que, aún conforme a lo que afirmó el denunciante, el grupo de 11 agentes de la policía militar acusados de responsables del masacre habría fuertes vinculaciones con el coronel D'Ambrósio. "No tengo dudas de que la motivación del masacre fue esa disputa. En algunas conversaciones, me he asegurado de esa versión. Esa acción tendría el objetivo de desestabilizar la cumbre de la Secretaría de Seguridad Pública con fines electorales", afirmó el parlamentario, ex oficial de la PM".

Amnistía Internacional, por otra parte, denunció en el documento "Entran disparando": La actuación policial en las comunidades socialmente excluidas que "la actitud de la actuación policial en las comunidades socialmente excluidas se basa históricamente en los prejuicios, la discriminación y la contención. Ya en 1990, un director general de la policía escribió: Es imposible ejercer la labor policial en esta zona [en las favelas], foco de desertores, ladrones y soldados rasos, pues no hay calles, las casuchas están hechas de madera y cubiertas de zinc, y no hay una salida de gas en toda la comunidad, de forma que para la extinción completa de los bandidos conocidos debemos rodear la zona, lo que para que sea efectivo exige por lo menos el auxilio de 80 policías totalmente armados ".

El documento de Amnistía Internacional explica que "la violencia y las violaciones de derechos humanos como métodos de actuación policial se institucionalizaron durante la dictadura militar, entre 1964 y 1985. Las fuerzas de seguridad empleaban la tortura y las ejecuciones extrajudiciales, no sólo para la represión política, sino también para el control social. En 1972, Amnistía Internacional documentó el surgimiento de los 'escuadrones de la muerte', grupos de agentes de policía que - mientras realizaban su trabajo o cuando estaban fuera de servicio - mataban a presuntos delincuentes y a niñas y niños de la calle, al servicio de pequeñas empresas y propietarios de comercios. Estas operaciones de los 'escuadrones de la muerte' eran autorizadas en los máximos niveles del gobierno".

En cuanto al masacre en el estado de Río, el documento de Amnistía Internacional informa que "el 31 de marzo del 2005, 29 personas perdieron la vida en la zona de Baixada Fluminense de Río de Janeiro. Los homicidios se atribuyeron a un grupo que se cree que está integrado por miembros de la policía militar, que recorrió la zona en un vehículo entre las 8:30 y las 11 de la noche, disparando al azar contra las personas que transitaban por la calle. Entre las víctimas mortales figuraban Douglas Brasil de Paula, estudiante de 14 años, que estaba jugando con una máquina de pinball en un bar; Elizabeth Soares de Oliveira, que estaba trabajando en un bar perteneciente a su esposo; João da Costa Magalhães, que estaba sentado a la puerta de su casa, y Rafael da Silva Couto, estudiante de 17 años que circulaba en bicicleta por la Via Dutra".

"Ésta fue la peor matanza de la historia de Río de Janeiro, pero no era nada nuevo ni un fenómeno aislado. Para los millones de brasileñas y brasileños que viven en favelas - asentamientos urbanos empobrecidos cuyas viviendas son invariablemente precarias y donde la tenencia de la tierra es en su mayor parte irregular- la violencia, tanto la que causa la delincuencia como la que inflige la policía, forma parte ineludible de su vida". El documento de Amnistía Internacional resalta que "son las favelas, cuya población está privada de la protección efectiva del Estado, especialmente de la protección policial efectiva, las que sufren las mayores concentraciones de homicidios y delitos violentos".

Amnistía Internacional también denunció que "los sucesivos gobiernos brasileños vienen adoptando una línea de actuación agresiva y polémica en materia de seguridad pública para obtener el apoyo de la ciudadanía y el electorado. No han cuestionado la creencia existente entre las fuerzas policiales de que el uso incontrolado de la fuerza letal es una práctica aceptable. En concreto, no han condenado públicamente los disparos de la policía contra civiles desarmados, no han investigado efectivamente estos incidentes y no han castigado a los agentes policiales que han cometido delitos. En ciertos casos extremos, algunos políticos han pedido abiertamente la ejecución sumaria de delincuentes".

A diferencia de la prensa brasileña y del documento de Amnistía Internacional, el capítulo sobre violencia, seguridad pública y ciudadanía del Relatório de Desenvolvimento Brasil - 2005 señala solamente que "una sociedad en la que prevalece la pobreza de derechos tiende a resolver sus conflictos por medio de la violencia, no importa si esa violencia proviene de ciudadanos comunes o de agentes del Estado en sus tareas de contención del crimen". Además, él afirma que "en las últimas dos décadas, hubo un crecimiento en todas la modalidades de crimen en Brasil, en especial los homicidios" y resalta: "Aparentemente, la violencia afecta a todos en igual intensidad" pero los "datos indican que "los negros son los principales blancos de la violencia mortal".

Como la tasa de homicidios de "jóvenes negros" es "dos veces mayor" que la de los jóvenes "blancos" y como "la mayor parte de los jóvenes negros asesinados vivía en favelas, barrios periféricos y suburbios de las grandes ciudades", ya resalta el Sumário executivo, enfrentar esas cuestiones es una "tarea impostergable". Por eso, el "Informe sobre Desarrollo Humano aborda temas como el racismo, la pobreza y la violencia - problemas que se relacionan de tal forma que sólo pueden ser confrontados conjuntamente, combinando tanto acciones de ciudadanía y de participación como políticas públicas, sean ellas de carácter universalista o focalizadas".

En seguida, el Sumário executivo aborda "la falacia del concepto de raza" y señala inmediatamente que "la situación de exclusión a la que la población negra fue sometida en Brasil desde el siglo 16 es fruto del racismo". Él también explica que el concepto de raza fue "desmontado en la segunda mitad del siglo XX" pero que permanece hoy como "una necesidad teórica y práctica en los estudios y en los procesos sobre identidad étnica, conquista de derechos y justicia social de grupos fenotípicamente distintos". Como consecuencia, el capítulo sobre violencia del Relatório de Desenvolvimento Humano - Brasil 2005 no aborda las implicaciones políticas del masacre en el estado de Río de Janeiro.

Dicho capítulo sólo afirma, en el cuadro 1, que Brasil ha adoptado programas de combate a la violencia basados en los "movimientos político-criminales conservadores", que se consolidaron particularmente en Estados Unidos alrededor de los años 1980 y que consideran "el crimen y la criminalidad como una patología del convivio social y al criminal como un enemigo a ser combatido", pero que "los caminos a ser recorridos deben buscar privilegiar una política criminal que se oriente por soluciones de inclusión social, pues la aplicación del Derecho Penal debería ser siempre excepcional y subsidiaria".

Curiosamente, el informe señala que "la característica más marcante", en el campo de la justicia criminal, "es la inexistencia de datos - un silencio que, por otra parte, es elocuente, dado que el racismo disimulado se expresa también en el desinterés por documentar hechos y por mensurar graves violaciones de derechos pero destaca que "los pocos estudios disponibles no son consensuales en cuanto a la presencia de motivaciones de esa naturaleza en el transcurso de los procesos penales". Sin embargo, el informe del PNUD destaca a parte y en rubio que "el principio de la igualdad de todos ante la ley es perjudicado porque el fenotipo es un importante factor de discriminación en la distribución de la justicia". Para reforzar esta tesis, el informe cita a Ignácio Cano, cuya investigación está "todavía en marcha", y a Sérgio Adorno, sociólogo que realizó su investigación con el apoyo de la Fundación Ford.

Contradictioriamente, el informe señala, bajo el título O fenótipo dos presos (El fenotipo de los presos), que "si existe" prejuicio "por fenotipo", él "está más controlado en las etapas del sistema de justicia criminal", es decir, el resultado final "está sujeto a la revisión, de manera que el espacio para manifestación de discriminación racial/fenotípica es reducido". Entre otras curiosidades, el Relatório de Desenvolvimento Brasil - 2005 señala que "fueron consideradas intencionales todas las muertes por arma de fuego o instrumento cortante registradas originalmente como accidentales o de 'intencionalidad desconocida'. (...)Para tener una idea del impacto de esos ajustes: el número total de homicidios registrados para Brasil en 2001 fue de 47.992. Después de las correcciones ... se llegó a 50.746".

"Aunque alta en comparación con los patrones internacionales", el informe del PNUD afirma que "la tasa de homicidios de blancos y amarillos es significativamente inferior a la de los pretos y pardos: la probabilidad de ser asesinado es casi el doble para los pardos y 2,5 veces para los pretos. La tasa de homicidios por 100 mil habitantes para la población negra (pretos y pardos) es de 46,3 (1,9 vez la de los blancos)". ¿Blancos aquí es el resultado de la agregación de los datos de los amarillos y de los blancos? Es un misterio, pero la palabra amarillo aparece 4 veces en el informe: en el pasaje arriba mencionado, en la página 49 (que trata de la subrepresentación de los negros en la máquina administrativa del Estado) y en dos notas de la página 82, que señalan que "no están incluidos los ingresos percebidos por amarillos e indígenas" (nota 2) y que "no" fueron "computados amarillos e indígenas" (nota 6).

Según una encuesta publicada por laFolha Trabalho (Folha de S. Paulo, 24/3/2002) sobre discriminación, el 93% de los entrevistados contestaron que nunca se han sentido discriminados. El 7% que ya se ha sentido discriminado pertenecía (¿en %?) a los siguientes grupos: blanco, 2; "pardo/mulato", 11, negro, 19; amarillo, 9 e indígena, 2. En "Racismo no es tan 'cordial'", la Folha Trabalho no menciona a los indígenas pero señala que "para los orientales, las principales quejas se refieren a insultos o chistes en el ambiente de trabajo o al no haber sido promovidos por su raza. Las ofensas también son el principal motivo de discriminación relatado por los pardos. Los negros, por otro lado, se quejan, más que las personas de otras razas, que han sido excluidos de la selección porque la plaza vacante era para personas de otro color".

Sin embargo, como los orientales ganan más que los blancos ("Negro gana menos, oriental recibe más", destacó la Folha Trabalho), ellos no son considerados por los investigadores negros, académicos blancos y por los técnicos gubernamentales (llamados antirracistas) como víctimas de racismo. Además, ¿cómo explicar que los "amarillos" ganan más que los "blancos racistas"? Consciente de eso, el informe final de la I Conferencia Nacional de Políticas de Igualdad Racial, realizada por la Secretaría Especial de Políticas de Promoción de la Igualdad Racial (SEPPIR) en 2005 en Brasilia, ya incentiva "que las encuestas socioeconómicas incorporen los quesitos raza/color a partir de definiciones más objetivas: blanco, negro e indio.)".

Los autores del Relatório de Desenvolvimento Humano - Brasil 2005 manipularon datos e informaciones, pero reconocen que "las estadísticas no dejan dudas: ser preto, joven y del sexo masculino y soltero significa ser el blanco preferido de la violencia mortal en Brasil". Bajo el título O fenótipo dos presos, el informe también reitera que los indicadores "no dejan dudas: los hombres negros (sobre todo los de color preto ) tienen participación mayor en la población carcelaria".

En una contribución especial, el antropólogo Peter Fry llama la atención sobre algunas de las lógicas del Relatório de Desenvolvimento Humano - Brasil 2005. Primera, es a causa de la discriminación hacia la población "preta que los pardos son discriminados". Segunda, "el informe propone el paradójico camino de luchar contra el concepto de raza, utilizándolo". Peter Fry presenta otras, pero no se dio cuenta de la más importante: la lógica de la manipulación y falsificación de informaciones y de datos estadísticos.


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* Fuente: PEREIRA, Marcelo. Estadísticas, racismo y acción afirmativa en Brasil, 2006.



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